viernes, 12 de junio de 2020

Esquina bajan ( 002 )

Ayer por la tarde, mientras cavilaba  en el autobús con destino a mi casa después de mis ocho horas diarias de esclavitud moderna, vi pasar una parvada de pájaros,   todos volando  en  un sincrónico  vaivén que puede resultar hipnotizante   solo para aquellos observadores (pocos pero aún existen, bueno aún viven) que tienen  la paciencia para contemplar los regalos visuales que nos regala la naturaleza. 

Mientras se desplazaban de un lado a otro  todos al mismo tiempo  formando   figuras incomprensibles para mis ojos pero que tal vez  si  me pusiera a analizar más detenidamente entendería el mensaje que intentan mostrar, o simplemente están jugando,  y son tan buenos jugando que al ser tantos pueden ponerse de acuerdo  hacia donde deben virar en cada momento; a mi mente  vienen imágenes de los cardúmenes de peces que se comportan de la misma manera, incluso cuando una mordida de tiburón se interpone en su camino   rompiendo esa formación   que en un instante   vuelve a unirse.   Hay muchas más especies de seres   que   hacen uso de este mismo comportamiento: abejas, hormigas, mariposas…

¿Y los seres humanos, tenemos esa misma capacidad?  Me quede pensando mientras esperaba  que el transporte público, en ese momento llegó una persona más  a la parada  y otra  y otra más...  ¡Eso es!  Tenemos el mismo comportamiento que las demás especies  con las que deberíamos cohabitar en paz.

Todas las mañanas a la misma hora  poco a poco nos vamos  uniendo a una  grupo de gente, al principio vamos solos,  cuando nos subimos al transporte público  ya somos al menos 20 personas, todos los autobuses  siguen su ruta de siempre si lo viéramos desde arriba, muy arriba,  seguramente veríamos el mismo efecto, aunque es posible verlo en  el transporte público de las grandes ciudades, si tienes curiosidad puedes buscar en YouTube  “Time Lapse People” y te darás cuenta de cómo este efecto se reproduce con la gente también;  en los grandes edificios corporativos de las ciudades las personas salen a comer a la misma hora  todos los días  sin que nadie les  diga que es lo que tienen que hacer o hacia donde dirigirse,  incluso podrían ir con los ojos cerrados a buscar su alimento; una actividad tan rutinaria y repetitiva que  el cerebro ya no registra nada nuevo, en  ese evento. 

Solo en contadas ocasiones el cerebro a través de la vista detecta algún cambio en  la escena como por ejemplo un árbol grande mutilado para que se pueda ver el letrero de alguna cafetería; para la mayoría pasa desapercibido o carece de la menor importancia,  por esta razón para muchos es complicado tratar de recordar  las actividades que realizó en determinado día.

Tal vez esos pájaros alguna vez volaban de esa manera por alguna razón  y actualmente lo han olvidado y simplemente lo hacen porque es lo que han hecho siempre, quizá  como en los mares,  existía en los aires un gran depredador  que los cazaba  para poder subsistir, pero con el tiempo esa especie que se alimentaba de ellos pereció al aparecer un depredador más “inteligente” y  ahora solo dejó en las parvadas esos movimientos  que parece que están esquivando algún ataque.

Me distrae  de mi  profunda reflexión el característico  grito del conductor que con voz  chillona pero fuerte les indica a los pasajeros que van de pie que se recorran hacia el fondo y que aunque caben tres filas en el pasillo con dos se conforma; afortunadamente   en la mayoría de ocasiones si es posible me siento en los asientos de hasta atrás para poder bajar rápidamente.  

Es increíble que aunque el autobús va lleno (se ve desde afuera, si va gente de pie quiere decir que ya no hay lugares disponibles) los pasajeros siguen haciéndole la parada al chofer  y el chofer   sigue subiéndolos sin importarle que ya no quepan, prefieren ir de pie, soportando los olores  que  va transpirando la gente después de todo un día de trabajo que esperar el siguiente autobús  e ir más cómodos en su viaje de regreso a sus casas.

Del chófer  puedo entender que siga subiendo pasaje, al final vayas de pie o sentado él te sigue cobrando la tarifa mínima, una característica de ese espécimen (chófer de microbús) es que no te perdona ni un solo peso del pasaje, en más de una ocasión  he tenido la oportunidad de ver cómo les pelea 50 centavos a los pasajeros. 

De la gente, no entiendo por qué  si ven que no hay espacio en el autobús aun así se suban, tal vez quieren ganarle 5 minutos a la vida o quizá se les hace tarde para llegar a su casa a ver la telenovela,  en fin, la siguiente es mi parada para transbordar,  tengo que acercarme a  la salida para tocar el timbre que está en  uno de los dos tubos   para agarrase y bajar las escaleras, con el tiempo me he acostumbrado a caminar en la ruta mientras va a toda velocidad tratando de ganarle unos cuantos minutos  checador y no quemarse,  toco el timbre y no escucho que suene, se va pasar de mi parada, ni modo,  tengo que gritar: ¡Esquina bajaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan¡