Ayer por la tarde, mientras cavilaba en el autobús con destino a mi casa después de mis ocho horas diarias de esclavitud moderna, vi pasar una parvada de pájaros, todos volando en un sincrónico vaivén que puede resultar hipnotizante solo para aquellos observadores (pocos pero aún existen, bueno aún viven) que tienen la paciencia para contemplar los regalos visuales que nos regala la naturaleza.
Mientras se desplazaban de un lado a otro todos al mismo tiempo formando figuras incomprensibles para mis ojos pero que tal vez si me pusiera a analizar más detenidamente entendería el mensaje que intentan mostrar, o simplemente están jugando, y son tan buenos jugando que al ser tantos pueden ponerse de acuerdo hacia donde deben virar en cada momento; a mi mente vienen imágenes de los cardúmenes de peces que se comportan de la misma manera, incluso cuando una mordida de tiburón se interpone en su camino rompiendo esa formación que en un instante vuelve a unirse. Hay muchas más especies de seres que hacen uso de este mismo comportamiento: abejas, hormigas, mariposas…
¿Y los seres humanos, tenemos esa misma capacidad? Me quede pensando mientras esperaba que el transporte público, en ese momento llegó una persona más a la parada y otra y otra más... ¡Eso es! Tenemos el mismo comportamiento que las demás especies con las que deberíamos cohabitar en paz.
Todas las mañanas a la misma hora poco a poco nos vamos uniendo a una grupo de gente, al principio vamos solos, cuando nos subimos al transporte público ya somos al menos 20 personas, todos los autobuses siguen su ruta de siempre si lo viéramos desde arriba, muy arriba, seguramente veríamos el mismo efecto, aunque es posible verlo en el transporte público de las grandes ciudades, si tienes curiosidad puedes buscar en YouTube “Time Lapse People” y te darás cuenta de cómo este efecto se reproduce con la gente también; en los grandes edificios corporativos de las ciudades las personas salen a comer a la misma hora todos los días sin que nadie les diga que es lo que tienen que hacer o hacia donde dirigirse, incluso podrían ir con los ojos cerrados a buscar su alimento; una actividad tan rutinaria y repetitiva que el cerebro ya no registra nada nuevo, en ese evento.
Solo en contadas ocasiones el cerebro a través de la vista detecta algún cambio en la escena como por ejemplo un árbol grande mutilado para que se pueda ver el letrero de alguna cafetería; para la mayoría pasa desapercibido o carece de la menor importancia, por esta razón para muchos es complicado tratar de recordar las actividades que realizó en determinado día.
Tal vez esos pájaros alguna vez volaban de esa manera por alguna razón y actualmente lo han olvidado y simplemente lo hacen porque es lo que han hecho siempre, quizá como en los mares, existía en los aires un gran depredador que los cazaba para poder subsistir, pero con el tiempo esa especie que se alimentaba de ellos pereció al aparecer un depredador más “inteligente” y ahora solo dejó en las parvadas esos movimientos que parece que están esquivando algún ataque.
Me distrae de mi profunda reflexión el característico grito del conductor que con voz chillona pero fuerte les indica a los pasajeros que van de pie que se recorran hacia el fondo y que aunque caben tres filas en el pasillo con dos se conforma; afortunadamente en la mayoría de ocasiones si es posible me siento en los asientos de hasta atrás para poder bajar rápidamente.
Es increíble que aunque el autobús va lleno (se ve desde afuera, si va gente de pie quiere decir que ya no hay lugares disponibles) los pasajeros siguen haciéndole la parada al chofer y el chofer sigue subiéndolos sin importarle que ya no quepan, prefieren ir de pie, soportando los olores que va transpirando la gente después de todo un día de trabajo que esperar el siguiente autobús e ir más cómodos en su viaje de regreso a sus casas.
Del chófer puedo entender que siga subiendo pasaje, al final vayas de pie o sentado él te sigue cobrando la tarifa mínima, una característica de ese espécimen (chófer de microbús) es que no te perdona ni un solo peso del pasaje, en más de una ocasión he tenido la oportunidad de ver cómo les pelea 50 centavos a los pasajeros.
De la gente, no entiendo por qué si ven que no hay espacio en el autobús aun así se suban, tal vez quieren ganarle 5 minutos a la vida o quizá se les hace tarde para llegar a su casa a ver la telenovela, en fin, la siguiente es mi parada para transbordar, tengo que acercarme a la salida para tocar el timbre que está en uno de los dos tubos para agarrase y bajar las escaleras, con el tiempo me he acostumbrado a caminar en la ruta mientras va a toda velocidad tratando de ganarle unos cuantos minutos checador y no quemarse, toco el timbre y no escucho que suene, se va pasar de mi parada, ni modo, tengo que gritar: ¡Esquina bajaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan¡
