viernes, 25 de enero de 2019

Esquina bajan ( 001 )

6:20  de la mañana, suena el despertador, siempre tengo el propósito de levantarme al escuchar la primer alarma; cosa que nunca sucede, inconscientemente sé que he programado una más a las 6:40,   adormilado miro el celular y  detengo el sonido para que no vaya a despertar a mi familia,  cosa que tampoco sucederá,  ya están acostumbrados a mi  método; me arropo con la cobija  mientras voy cerrando los ojos; siento que pasa un segundo y la bendita alarma vuelve a sonar, tengo  que levantarme, ya no hay alternativa.  

Un día más de vuelta a la rutina y, es que eso está bien ¿o no?,  es la única forma que  se tiene para medio sobrevivir en un mundo capitalista, tengo que  ir a trabajar todos los días  para llevarles el alimento a mis hijos. después de tanto tiempo de ser empleado es la única manera que conozco para conseguir el sustento familiar,  dependo completamente del sueldo que  me entregan cada quince días,  el cual al tercer día de recibirlo se va en pagar cuentas  disfrazadas de servicios.

Ni modo,  así es esta vida que  me tocó vivir, así que a darle… 7:40  he terminado las tareas que me corresponden en casa, ahora tengo que ir a mi trabajo,  en donde, si me pongo a pensar detenidamente  paso más tiempo de mi existencia, 8 horas diarias que se convierten en 10 regularmente,  más 2 horas que paso en el transporte público, se podría decir que solo voy a dormir a  casa, “menuda vida la que llevo” dejo a mis hijos en la escuela, hoy se han comportado correctamente,  a mi punto de vista claro, ¿quién puede decir que es o no es lo correcto? no hicieron  berrinche al  despertarse,  no se enojaron al cambiarse,  se terminaron completamente su desayuno, salimos a tiempo de casa;  incluso llegamos  poco antes de que abrieran la puerta de la escuela, me dan un beso de despedida mientras los miro como se van a sus respectivas jaulas,  en donde los prepararán para una vida de esclavitud como a mí; pero no hay otro modo de hacer las cosas ¿o sí?... 

La sociedad dicta que eso es lo correcto: “¡debes estudiar  para tener una mejor vida!”, es lo que decía mi madre: “yo quiero que estudien, para que no sufran  como a mí me pasó”.

Como cada día,  tengo que caminar un poco antes de tomar el transporte público, tengo varias opciones para llegar a mi trabajo, dejo que el destino decida, solo voy caminando,  si por casualidad la ruta  que pasa por esas calles  y coincide con mi trayecto,  me subo, si no es así, sigo caminando hasta la calle en donde pasa la ruta que casi siempre tomo.

La misma gente todos los días, papás y mamás  por la calle caminando con sus hijos de la mano, la rutina no es solo mía ¿por qué debería ser especial?; -¡buenos días!-  digo cada vez que mi camino se cruza con algún padre de algún niño de la escuela de mis hijos; es fácil reconocerlos, porque los he visto en alguna reunión escolar o simplemente porque usan el mismo uniforme.  

La gente ya no está acostumbrada a saludar  cuando en  la calle se encuentran con alguna persona, tal vez sienten miedo de que los vayan a asaltar; al principio,  recuerdo que se sacaban de onda cuando les decía ¡buen día! o ¡buenos días!  pero con el tiempo ya se acostumbraron  al loco que va saludando a todos; y es que no lo hago por  los adultos, espero que algún día  su niño curioso les pregunte  el porqué de esa acción o simplemente quede en sus “recuerdos origen” que se debe tener un poco de cordialidad para con los demás.

¡Irrelevante!  Me he salido del tema una vez más, no será la primera vez, ni la última;  en esta ocasión el autobús que me hace caminar  menos no ha pasado, así que continuo con mi andar. Por estas calles, aún se pueden ver jaurías de perros “callejeros” (porque están en la calle, no porque no tengan hogar).  

La mayoría, por la hora que es, están más interesados en tomar el sol que en otra cosa,  pero solo hace falta que uno de ellos empiece a ladrar para que estés es verdaderos problemas; lo importante es no demostrarles miedo  y tratar de ignorarlos, no sé si ya se acostumbraron a verme pasar por ahí pero nunca me han ladrado  por lo que el único  pendiente es tratar de no pisar sus desechos que se les ocurre dejar en cualquier lugar.

Por fin he llegado a la parada de autobús, como siempre los taxis están estorbando la zona donde se detiene para subir pasaje,  pero parece que a ellos no les importa,  solo hay dos personas esperando; tan solo hacen falta un par de minutos para que seamos como 6 o 7. 

Afortunadamente al estar tan cerca de su base de salida, aún hay suficientes lugares para ir sentado, todavía hay gente que le importa ser un poco cortés  y permiten que las mujeres suban primero; por lo general yo me espero hasta el final para subir,  ya cuando el chofer empieza a avanzar porque gracias a que los taxistas que están echados esperando que alguien solicite sus servicios.

El autobús tuvo que detenerse en doble fila y obviamente los carros que van detrás  ya empezaron a hacer sonar sus claxon,  así que cuando pongo un pie en el primer escalón  este empieza a avanzar, yo trato de llevar el  pago exacto para subir  rápidamente, pero no todos hacen lo mismo y prácticamente nos vamos  de pie hasta la siguiente parada mientras el chofer cobra, si es que lleva cambio, cuando no, le dice al pasajero: ¡pásale luego te doy tu cambio!. “oh grave error” ahora tienes que ir atento por si el chofer grita ¡el cambio del de a 50! o  de cualquier billete que le hayan dado,  y si se te pasa  escucharle o de plano no gritó  esperando que se te olvide porque seguramente vas distraído con el celular,   ya te salió más caro el caldo que las albóndigas.

Le indico al chofer a donde voy, le pago y paso a buscar asiento, normalmente  de la mitad para atrás, cuando hay lugares, cuando no hay, cualquier lugar del lado derecho está bien, la primer opción es cualquier asiento doble que vaya desocupado; como última opción el lugar que sea, aunque no me gustan los asientos del pasillo por que eventualmente se suben señoras y como te ven “joven aun” van y se detienen justo en donde estás, como si fuera mandatorio cederles el asiento, aun cuando es su culpa ir de pie, ya que si ven que  no hay asientos disponibles, de todos modos se suben al autobús,  y como tengo sangre de atole “dijera mi madre” les termino cediendo mi lugar, por eso no me gustan esos asientos.
  
Esta vez he encontrado un lugar doble desocupado justo a la mitad del lado derecho ¡excelente!  Ocupo el asiento del pasillo, si se llena el autobús, me recorro a la ventana  y así aunque se suban señoras,  ya no les cederé el asiento, le toca hacerlo al del pasillo y cuando ese lugar lo ocupa una señora tengo mi asiento asegurado todo el trayecto.

Saco mi Kindle para empezar a leer  mi libro en curso, apenas lo enciendo, escucho un sonido muy característico “cof, cof, cof”, ¡no es posible!  otra vez alguien tosiendo; llevo  poco más de 10 años viajando en transporte público y puedo dar constancia de que en el 99.9 % de las veces que  he viajado en este medio de transporte alguien va tosiendo,  estornudando,  carraspeado  o limpiándose los fluidos nasales con la mano, y lo peor de todo,  lo hacen sin el mínimo cuidado de la higiene posible, volteas  a ver a los que tosen o estornudan y  no son capaces ni de taparse la boca, todavía hay algunos tan cínicos que se  molestan si nos les dices ¡salud!, como si todavía tuviéramos que agradecerles que ya llenaron de bichos todo el autobús, y es que un estornudo viaja a una velocidad de más de 100 km/h y es capaz de  llenar de gérmenes rápidamente un espacio de hasta 8 metros lo que quiere decir que todo el autobús...

Queda completamente contaminado en poco tiempo, si a esto le agregamos que algunas ventanas no se pueden abrir, vamos viajando en una caja de Petri llena de bichos y suciedad; esto  es lo que sale de la boca de la gente ¿qué pensaban que salía? aroma de rosas.  

No es posible  que en estos tiempos aún haya gente que no conozca la importancia de la higiene, si estás enfermo y tienes que viajar en autobús, debes ser un poco consciente  y usar un cubre bocas, si no tienes 2 pesos para comprarlo en las miles de farmacias que hay por todos lados, puedes usar una bufanda o un pañuelo o de plano  usar tu ropa para cubrirte.  Además, de que existen cientos de medicamentos que cortan todos los síntomas de la gripa, precisamente son para que no contamines a más personas.  Si no estabas enfermo y empezaron tus síntomas en ese momento en el autobús, existen maneras de toser y estornudar que evitan que propagues tanto las bacterias.

Ya ni ganas me dieron de leer nada,  guardo mi kindle y con mi suéter voy  tapándome la nariz y la boca, y lo hago a propósito para que todos vean, no me importa que piensen que soy un payaso, y solo voy esperando  el momento en que el foco de infección se baje del autobús, aunque para que me engaño, invariablemente se subirá otra persona    y empezará a mostrar algún síntoma de  catarro, no importa cuanta gente vaya en el autobús,  siempre escucharás,  un “cof, cof, cof” o un “ahhh chuuuu”  o verás a alguien limpiarse los mocos con la mano, y es que en estos tiempos sale caro comprar kleenex o  llevarte unas servilletas o papel higiénico de tu casa, total, puedes limpiarte la mano en los asientos o en los tubos del autobús, todo mundo lo hace, porque deberías hacer las cosas diferentes y es que si yo estoy enfermo, ¡que se enfermen los demás! ¿Por qué la vida debe tratarme mal solo a mí?

Bueno, ya casi se  acerca el autobús a mi destino,  el pasajero que va a mi lado va dormitando, ni modo, tengo que despertarlo ¡Me permite pasar! - le digo - , inmediatamente se levanta para dejarme salir, con cuidado me levanto tratando de  tocar nada.

Y   recuerda: “si te subes a un autobús y no escuchas a nadie tosiendo, o estornudando,  seguramente eres tú el que va haciéndolo”.

No pienso tocar el timbre lleno de bichos tengo que gritar: ¡esquina bajaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan¡

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